Hace casi cuatro décadas, la Universidad Mayor asumió la tarea de contribuir al desarrollo del país formando profesionales con conocimientos sólidos en sus áreas y con espíritu emprendedor. Estos 38 años cuentan una historia de crecimiento sostenido, innovación y liderazgo en la educación superior chilena, cuyo rasgo más distintivo ha sido una decisión temprana y persistente: convertirse en una universidad compleja, que no solo transmite conocimiento, sino que lo genera, lo publica y lo transfiere.
Esa vocación estuvo presente desde su fundación en 1988. En lugar de crear una alternativa centrada en carreras de baja inversión, las llamadas "de tiza y pizarrón", la Universidad eligió el camino del conocimiento: más exigente y de mayor impacto. Esa elección fundacional explica buena parte de lo que la institución es hoy.
Ingeniería Civil y Arquitectura fueron sus dos primeras carreras, un hito inédito en el naciente sistema privado de educación superior chileno. Siguió una expansión acelerada: en 1989 fue la primera universidad privada en crear Agronomía e Ingeniería Forestal, y en 1991, la primera en impartir Medicina Veterinaria. Seis años más tarde ratificó ese liderazgo con la Escuela de Odontología, y en 1998 la apertura de Medicina la consagró como institución privada pionera en la formación en ciencia, salud y tecnología.
Paralelamente, la Universidad consolidó su vocación descentralizadora con la creación de la sede Temuco a través del Campus Alemania, convirtiéndose en la primera universidad privada autónoma en fundar una sede regional.
El nuevo milenio trajo transformaciones culturales y sociales aceleradas y situó a la ciencia y la tecnología como ejes del desarrollo del país. La Universidad potenció su compromiso formativo con nuevas carreras de la Salud y, hacia 2004, con modernas clínicas y laboratorios de odontología, kinesiología, fonoaudiología y psicología, infraestructura que posteriormente obtuvo certificación internacional ante la Society for Simulation in Healthcare.
En su camino de mejora continua y excelencia, la Universidad obtuvo su primera acreditación institucional en 2005, y desde entonces se ha sometido a cuatro procesos de acreditación. En 2021, la Comisión Nacional de Acreditación (CNA-Chile) le otorgó 5 años de acreditación en nivel avanzado, en las áreas de Gestión Institucional, Docencia de Pregrado, Vinculación con el Medio e Investigación. Hoy la institución prepara un nuevo proceso, con la mirada puesta en el Nivel de Excelencia.
La Universidad no se ha limitado a acreditar su calidad frente a los estándares nacionales. En 2010 fue la primera universidad chilena en acreditarse bajo estándares norteamericanos ante la Middle States Commission on Higher Education (MSCHE), reconocimiento revalidado en 2015 y ratificado recientemente por un tercer ciclo consecutivo, con vigencia ininterrumpida hasta 2032.
Excelencia y acceso no han sido caminos separados. En 2011 la Universidad ingresó al Sistema Único de Admisión (actual Sistema de Acceso), y en 2021 dio un paso histórico al adscribirse a la Política Pública de Gratuidad, que hoy beneficia al 69% de la matrícula de pregrado regular presencial con acceso a este instrumento y al 53% del pregrado total, expresión concreta de su vocación pública y de su compromiso con la inclusión y la igualdad de oportunidades con la convicción de que la educación cambia vidas.
Si hubiera que señalar un solo punto de inflexión en la historia de la Universidad, sería el año 2010. La fundación del primer Centro de Genómica y Bioinformática de Chile, liderado en sus inicios por el actual rector, Dr. Patricio Manque, marcó el salto cualitativo hacia la investigación de frontera y fue el paso definitivo para que la institución se convirtiera en una universidad compleja, capaz de generar conocimiento de frontera, original y transferible.
Quince años después, esa apuesta es uno de los 6 ejes estratégicos del proyecto institucional, bajo una convicción explícita: creemos en la investigación para formar y transformar.
Lo que comenzó como una apuesta puntual se transformó en política institucional. La Universidad formalizó la Vicerrectoría de Investigación, hoy organizada en cinco direcciones, y diseñó una Carrera Académica de Investigación, que convirtió la generación de conocimiento en un ecosistema integrado que cuenta con reglas, incentivos y trayectoria propia, y no en el esfuerzo aislado de algunos académicos.
El cuerpo académico se fortaleció en paralelo: los académicos con grado de Doctor crecieron un 27,5% entre 2022 y 2025, pasando de 273 a 348, y hoy más de 140 tienen dedicación preferente a la investigación.
La investigación institucional se organiza en seis metaprogramas, áreas estratégicas definidas a partir de los desafíos globales y de las oportunidades que ofrece Chile como laboratorio natural, social y cultural. Su propósito es buscar soluciones locales a problemas globales:
Hoy la Universidad cuenta con 16 centros de investigación activos en Santiago y Temuco. Su sistema institucional registra más de 500 proyectos de investigación, 245 de ellos en ejecución, lo que refleja una capacidad competitiva sostenida y transversal a sus áreas disciplinares.
La Universidad ha participado en la adjudicación o ejecución de proyectos asociativos de máxima complejidad del sistema nacional de investigación: diez Núcleos Milenio, tres Institutos Milenio, un Centro FONDAP, cinco Anillos y dos proyectos de Interés Nacional, instrumentos en los que compite con las instituciones más consolidadas del país. Entre ellos destacan:
A ello se suman 15 proyectos de ciencia aplicada, 2 Fondos Regionales para la Producción y el Desarrollo y 2 Concursos para la Valorización de la Investigación, entre otros.
Este portafolio es significativo no solo por su volumen, sino por su amplitud disciplinar y complejidad: abarca desde las ciencias biomédicas y genómicas hasta las ciencias sociales, las políticas públicas y las artes. Refleja una institución que investiga en todo su espectro académico, colabora con otras instituciones y realiza investigación de frontera.
Entre 2020 y 2025, la Universidad registró 2.247 publicaciones indexadas en Web of Science, con una producción sostenida de entre 337 y 475 artículos por año. Pero el dato que mejor describe el período es su calidad: cerca del 75% de esas publicaciones se encuentra en revistas Q1 y Q2, proporción que alcanzó el 87% en 2025.
Crecer en volumen es relativamente accesible; elevar sistemáticamente el cuartil significa que la institución no está publicando más de lo mismo, sino compitiendo en las revistas que definen el estado del arte de cada disciplina. Una universidad que publica casi nueve de cada diez artículos en los dos primeros cuartiles no observa la conversación científica internacional desde la periferia: participa en ella.
La investigación ha sido también la vía para fortalecer a la Universidad en su conjunto. A través de Ciencia 2030, consorcio que lidera junto a la Universidad Autónoma de Chile, la Universidad de Atacama y la Universidad de Tarapacá, la institución se abrió al entorno productivo y a los territorios, entregando en dos años 29 fondos para innovación, emprendimiento y tesis vinculadas a desafíos reales. Con su Oficina de Transferencia y Licenciamiento (OTL), el conocimiento que genera llega a la industria y a la sociedad en forma de patentes, licencias y nuevas empresas de base tecnológica.
Con el mismo propósito, a través de InES Género la Universidad llevó la equidad desde la investigación a toda la institución: la convirtió en lineamiento de su política, la mide de forma sistemática y la reconoce con el Premio a Mujeres Investigadoras. Con el proyecto FIUT fortaleció su sede Temuco, consolidando su rol como polo de conocimiento para La Araucanía. En conjunto, estos proyectos muestran una universidad que usa la investigación para modernizar su gestión, abrirse al entorno, avanzar en equidad y crecer desde la región.
En Temuco, la Universidad consolidó una agenda científica propia, anclada en los desafíos de La Araucanía. Creó el Centro para la Resiliencia, Adaptación y Mitigación (CReAM) e incorporó 17 académicos de carrera de investigación, lo que hizo posible poner en marcha el Doctorado en Salud Ambiental y Biomedicina, primer doctorado bisede.
Desde ese mismo centro se adjudicó en 2025 el proyecto de Interés Nacional IRIS, que estudia el efecto de especies invasoras sobre los ecosistemas acuáticos del sur de Chile. IRIS instala en el país capacidades de monitoreo que previamente solo existían en Canadá, y su dirección alterna está a cargo de una investigadora: investigación asociativa del más alto nivel, con proyección internacional y hecha desde la región.
La Universidad hizo de la investigación una experiencia formativa y no solo una actividad de sus centros. En el período, los centros de investigación impartieron directamente 20 electivos y se desarrollaron 12 Cátedras UM, iniciativas que alcanzaron a más de 1.300 estudiantes. Los nuevos formatos de titulación, entre ellos el Capstone Project, permiten titularse desarrollando investigación, emprendimiento o creación artística.
En la misma línea, siete certificaciones en temáticas de frontera, como inteligencia artificial, Salud Digital y Bioética, Sostenibilidad y Diversidad, Economía Minera y Recursos Naturales, Cambio Climático, Comunicación Científica y Procesos Creativos, ya suman 1.200 estudiantes certificados y más de 2.000 que han iniciado el proceso.
La sostenibilidad de un proyecto científico depende de su capacidad de formar a quienes lo continuarán. La Universidad cuenta con 6 programas de doctorado, 5 de ellos acreditados ante la CNA y 1 en proceso de acreditación, creados en áreas del conocimiento relevantes, innovadoras y poco abordadas, vinculadas a los metaprogramas institucionales.
Un rasgo poco habitual en el sistema chileno es que la Universidad Mayor investiga también sus propias prácticas formativas. A través del Centro de Innovación Educativa (CIE-UM), su Laboratorio de Incubación de Innovación Educativa, con más de 20 proyectos, y el Programa Integrado de Investigación en Docencia (PIID), financiado por el Fondo de Desarrollo Institucional, se ha convertido en un referente nacional en investigación pedagógica, y es sede organizadora del III Congreso Internacional de Investigación en Docencia Universitaria (CIIDU 2026).
En los últimos años, la Universidad consolidó su estructura académica en tres facultades disciplinares: la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud, la Facultad de Ciencias Sociales y Artes, y la Facultad de Ciencias, Ingeniería y Tecnología. En 2022 transformó la antigua Facultad de Estudios Interdisciplinarios en un esquema de Núcleos Transversales, que asegura que la formación interdisciplinaria, las ciencias básicas y las competencias del sello institucional se articulen de manera homogénea en todos los planes de estudio de Santiago y Temuco.
Entre 2022 y 2026, la institución llevó a cabo una renovación curricular histórica, actualizando el 100% de los planes de estudio de pregrado (43 carreras), los programas técnicos y la oferta de postgrado bajo el renovado Modelo Educativo UM: un currículum basado en competencias, flexible e interdisciplinario, con tres sellos distintivos: Generación de Conocimiento y Pensamiento Crítico; Ética para el Desarrollo Sostenible; y Creatividad, Emprendimiento y Colaboración. No es casual que el primero sea la generación de conocimiento: la vocación investigativa de la Universidad no queda reservada a sus centros, sino que se incorpora a la experiencia formativa de cada estudiante.
El despliegue incluyó 140 asignaturas transversales y la ampliación de la oferta electiva de 4 a más de 90 asignaturas, impactando a más de 3.500 estudiantes. Todo ello se monitorea de manera sistemática a través del Sistema de Evaluación de la Efectividad Educativa (SEEE) y del fortalecimiento de la figura del Orientador de la Trayectoria Académica Estudiantil (OTAE).
La Universidad amplió además sus modalidades y niveles formativos. La Facultad de Carreras Técnicas TECMayor y la Dirección General Advance sumaron 27 nuevos programas y cerca de 7.500 estudiantes, con un aumento de 66% en su matrícula; se abrieron nuevas carreras de pregrado: Ingeniería Civil en Minas, Ingeniería en Ciencia de Datos y Entrenador Deportivo; y el postgrado alcanzó una oferta de 34 programas (9 especialidades médicas, 6 odontológicas, 15 magísteres y 4 postítulos), con 5 magísteres ampliados a modalidad online en 2026. La educación continua atendió a más de 6.500 estudiantes entre 2022 y 2025. En conjunto, la Universidad superó los 25.300 estudiantes matriculados en 2026.
En sintonía con la innovación formativa internacional, la Universidad fue pionera al contar con la primera D-School de Latinoamérica, en alianza con el Hasso-Plattner-Institut de la Universidad de Potsdam, y participa de forma destacada en el Vertically Integrated Projects (VIP) Consortium, liderado junto al Georgia Institute of Technology, donde coordina el Clúster LATAM. La experiencia internacional se amplió con 342 convenios internacionales, más de 1.000 estudiantes internacionales recibidos, más de 400 estudiantes UM en el extranjero y la creación del ecosistema COIL de aprendizaje colaborativo en línea.
La vinculación con el medio se instaló como eje estratégico institucional, integrada en todas las carreras y facultades. En el período se desarrollaron 2.132 iniciativas con 110.435 beneficiarios y niveles de satisfacción superiores al 90% entre los actores involucrados.
Entre las colaboraciones destacadas se cuentan el convenio con la Municipalidad de Huechuraba, el programa de bienestar y salud mental con el Hospital de Urgencia Asistencia Pública y las prestaciones oftalmológicas pediátricas con el Hospital Luis Calvo Mackenna, que permitieron reducir listas de espera de la salud pública. La creación artística, por su parte, alcanzó a más de 80.000 personas a través de los principales festivales de cine y artes audiovisuales del país.
El Plan Estratégico de Desarrollo organiza la gestión institucional en 6 ejes, 34 objetivos estratégicos, 96 iniciativas y 126 indicadores. En materia de sostenibilidad financiera, se implementaron 64 iniciativas de mejora, con un impacto en régimen estimado en torno a los 16.000 millones de pesos.
En aseguramiento de la calidad, el 96% de las carreras de pregrado se encuentra acreditado o certificado, con 20 procesos de acreditación desarrollados en el período. La Universidad cuenta con 57 procesos corporativos certificados bajo ISO 9001:2015 y fue la primera universidad chilena en certificar su Sistema de Gestión de Compliance bajo la norma ISO 37301. Su programa de auditorías comprendió 85 auditorías, 228 acciones de evaluación y 220 planes de acción.
La toma de decisiones basada en evidencia se fortaleció con la implementación de un Data Lake institucional. En sostenibilidad ambiental, la Universidad se certificó en tres niveles del Acuerdo de Producción Limpia y mide por tercer año consecutivo su generación de gases de efecto invernadero con Huella Chile, en su ruta hacia la certificación como institución Carbono Neutral.
En materia de equidad, la Universidad lidera la Alianza de Universidades Chilenas para Mujeres en la Academia, iniciativa originada en Harvard, que creció de 14 a 22 instituciones durante el período.
De cara al próximo ciclo, la Universidad definió cuatro desafíos prioritarios: sostenibilidad financiera, modelo de gestión, acreditación y cultura e identidad, construidos participativamente a través de 8 mesas de trabajo con un centenar de integrantes, de las cuales surgieron cerca de 200 ideas.
Treinta y ocho años después de aquella decisión fundacional de tomar el camino más exigente, la Universidad Mayor proyecta su futuro sobre la misma convicción: que una institución de educación superior cumple plenamente su función cuando forma profesionales, genera conocimiento original y lo pone al servicio del país. Sobre esa base ratifica su compromiso de excelencia, su vocación pública y su liderazgo al servicio de Chile.