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Goalball: el deporte que reunió a escolares ciegos y universitarios en el Estadio Mayor

En la actividad participaron niños y adolescentes de la Escuela Santa Lucía y los futuros profesores que cursan la asignatura "Educación Física Diferencial". El evento buscó que los jóvenes se vincularan y comprendieran las condiciones de personas con distintos niveles de discapacidad.


 

 

 

El campus Estadio Mayor fue el escenario de un encuentro que reunió a estudiantes de Pedagogía en Educación Física de la U. Mayor y alumnos de la Escuela para ciegos Santa Lucía, con el fin de generar mayor empatía y cercanía con esta discapacidad sensorial.

Así, en el marco de la asignatura Educación Física Diferencial, los estudiantes tuvieron una jornada en la que disputaron partidos de Goalball, que es un tipo de juego con pelota creado en 1946 especialmente para personas no videntes o con baja visibilidad, luego de la Segunda Guerra Mundial. En tanto, en 1976 fue nombrado deporte paraolímpico.

Los partidos se disputan entre dos equipos y se utiliza una pelota especial que tiene un cascabel en su interior para que los jugadores puedan identificar su trayectoria.

“Estas actividades las venimos haciendo desde el año 2016 con distintas escuelas o recintos estudiantiles como una forma de vinculación con el medio con personas con distintos grados de discapacidad”, explicó el académico Manuel Antillanca, quien agregó que “realizar encuentros como el de Goalball sirve para que nuestros alumnos puedan socializar y hacer encuentros recreativos que nos benefician a todos”.

Ese día participaron 37 estudiantes de cuarto y quinto año junto a 12 alumnos de distintas edades de la Escuela Santa Lucía.

"También se reafirma la importancia de que los apoderados sean testigos de cómo sus hijos con discapacidad visual participan. Les cambia el paradigma el ver a sus hijos haciendo deporte y compartiendo. A todos se nos amplia el abanico de posibilidades. En varios países se practica este deporte y nosotros no nos podíamos quedar atrás”, comenta Manuel Antillanca.

Michele Oddone (25), quien cursa el último semestre, valoró la realización de este tipo de actividades inclusivas: “Es una instancia bien buena porque uno en la vida cotidiana no está acostumbrado a compartir con ciegos. Uno aprende mucho de ellos y de cómo viven su mundo. Es algo mágico. Ese día jugamos varios partidos y fue una experiencia muy entretenida”.