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Entrevista a Felipe Veloso

 

Noticia Vicerrectoría de Investigación

17 November 2017

“La ciencia moderna asume que no existen propiedades teleológicas, ni propósitos en el universo”.

 

Si existe algo que no se conversa en la biología moderna es el “fin” o “propósito” en los procesos biológicos que ocurren en la naturaleza, pero Felipe Veloso, investigador del Centro de Genómica y Bioinformática, junto a otros científicos, han comenzado a llevar la discusión a un terreno diferente; están revisitando el concepto de teleología desde una nueva perspectiva.






¿Cuál es tu especialidad Felipe?


Me dedico a la biología teórica y utilizo herramientas computacionales para apoyar la teoría con evidencia proveniente del análisis de datos.






¿En qué investigación trabajas actualmente?


La línea de investigación se llama “Propiedades teleológicas emergentes”, y debo empezar aclarando que la palabra teleología es distinta a la palabra teología, no tienen nada que ver en lo fundamental. La teleología, en lo que atañe a la biología, consiste en dinámicas que son “fin-dirigidas”, telos significa “fin” o “propósito” en griego, aunque esto sea bastante conflictivo o polémico dentro de la comunidad científica.






¿Por qué es conflictivo?


Porque la ciencia moderna asume que no existen propiedades teleológicas, es decir, no existen propósitos, ni tampoco fines en el universo, a pesar de que tú me estás haciendo esta entrevista con un fin, ¿no?, entonces es bastante raro. Si aceptamos que no existe teleología en los seres vivos, quiere decir que toda la biología es, en lo fundamental, sólo ingeniería reversa, es decir, tomar ciertas máquinas inicialmente desconocidas y tratar de desarmarlas o manipularlas con el fin, perdonemos la contradicción, de entender cómo funcionan. Desde esta perspectiva tú y yo, y una mosca, y una planta, y una bacteria, etc., somos sistemas muy complejos de moléculas que sólo hacen cosas.






Entonces no quisimos juntarnos acá, ni tuvimos tú y yo el propósito de reunirnos a conversar, ni movilizamos materia y energía para hacerlo posible porque, según esta visión, simplemente somos colecciones de moléculas reaccionando y como resultado sólo hacemos cosas. Nosotros creemos que vinimos para acá queriendo, pero en realidad no hay nada de eso porque no tenemos más fines que una piedra, lo que es bien tirado de las mechas. Por otro lado, buena parte de los conceptos más importantes en la biología, tales como función, regulación, cortejo, planificación en los procesos mentales humanos, etc., son intrínsecamente teleológicos. Entonces la biología tiene una relación no sé si hipócrita o ambivalente con la teleología, o como dijo John Haldane una vez, “la teleología es como la amante para el biólogo: no puede vivir sin ella, pero no quiere ser visto con ella en público”.







¿De qué se trata tu investigación?


Me encuentro trabajando en dos corolarios de una teoría que desarrollé y que fue publicada en marzo pasado; estos corolarios serán apoyados con pruebas de conceptos que obtuve a partir del análisis de datos. ¿Qué es una prueba de concepto? Es un resultado que no hace que tu descripción teórica quede confirmada ni mucho menos, pero sí te dice que hay agua en la piscina para seguir trabajando en la descripción. Es decir, significa que sin un resultado positivo para esa prueba no vale la pena perder más tiempo en esa teoría, porque no conducirá a ninguna parte.






¿De qué se trata la teoría?


Trata sobre el proceso de desarrollo que va desde células primordiales, como cigotos, esporas, o yemas, hasta un individuo multicelular adulto, proceso también conocido como ontogenia, y también de cómo apareció ese proceso, lo hizo, de hecho, más de una vez, durante la evolución. Lo que explica la teoría es cómo se autorregula el proceso, es decir, explica el dedo de un investigador que tumba una fila de dominós por ejemplo, si ese dedo fuera parte del proceso interno. Por supuesto ya existe un enfoque diferente que es predominante y bastante aceptado. Este enfoque partió con el trabajo de Conrad Waddington, quien se imaginó el desarrollo como un sistema dinámico; que en este caso debe ser entendido en su definición matemática. En la biología moderna tenemos muchas veces la mala costumbre, acaso por temor a que lo nuestro sea visto como “ciencia blanda”, de buscar dónde aplicar alguna matemática sofisticada, y que usualmente tampoco entendemos mucho, antes de tratar de entender correctamente el fenómeno en lo fundamental. Eso es poner la carreta delante de los bueyes.






¿Qué postulaba Waddington?


Pensó algo como esto: las células en nuestro cuerpo son hijas de una generación previa de células, y esa generación previa de células es hija a su vez de la anterior, y así podemos continuar hasta llegar al cigoto. Entonces concluyó: si puedo explicar cada estado con el de la generación previa, entonces toda la información que se necesita debería estar de alguna forma predeterminada en la célula primordial, pero eso no es posible por varias razones, una de ellas por ejemplo, es la existencia de células madre totipotenciales, que existen en un embrión después del cigoto. A partir de cualquiera de estas células se puede desarrollar un organismo completo, incluido tejido extraembrionario, como la placenta, pero ¿cómo puede ser eso posible si el destino de cada una de esas células estaba supuestamente predeterminado en el cigoto?






O sea no tenía razón.


No la tenía, porque el desarrollo requiere demasiada información como para estar contenida en el cigoto, punto uno, y porque el contenido de esa información se trata de otra cosa comparada a lo que está contenida en el cigoto, con eso no quiero decir que la información inicial no sirva, sí sirve, pero la mayor parte de la información tiene que emerger en el proceso. Si te propusiera como hipótesis que la información en mi cerebro relacionada con cada compra de calcetines que he hecho estuvo contenida en un cigoto, la desecharías por absurda, usando las mismas razones que te acabo de mencionar, no es muy diferente. Debo decir que David Nanney, un contemporáneo de Waddington, tuvo la intuición correcta y traté de hacerle toda la justicia que pude en el artículo que presenta mi teoría. Él argumentó que el proceso de desarrollo no se trata de cómo cierto material no genético heredable pasa de una generación de células a la siguiente sino de cómo, a partir del mismo genotipo, pueden ser manifestados diferentes fenotipos celulares. En otras palabras, planteó implícitamente que el desarrollo es un proceso de interpretación, pero por desgracia esta gran intuición suya fue en gran parte olvidada, probablemente porque no contó con una teoría matemática bien establecida como apoyo, a diferencia de Waddington.






¿Qué esperas conseguir con esta investigación?


Ya conseguí mi primer objetivo que era desarrollar una teoría general y experimentalmente testeable, y publicarla como artículo revisado por pares en una revista por supuesto, porque aunque no me guste, sin eso mi teoría no existiría en la práctica para el resto de la comunidad científica. Ahora, en términos de proyección hay varios corolarios de la teoría y yo estoy trabajando en dos como te mencioné antes, uno vinculado al cáncer, que no significa que vaya a encontrar la solución para el cáncer, aclaro, y el otro tiene que ver con el envejecimiento. El resto de los corolarios de la teoría guardan relación con otras cosas, por ejemplo, que la enorme dificultad para la regeneración de las neuronas reside fundamentalmente no en interacciones moleculares sino en la geometría de las neuronas, en particular su elevada razón superficie/volumen, es decir, en que su geometría es arborizada. Cuando por el contrario la razón superficie/volumen de las células es mucho menor, es decir, cuando la geometría de las células es convexa o más parecida a una esfera, el potencial regenerativo y de desarrollo tenderá a ser mucho mayor, como es el caso de las células madre embrionarias y las células vegetales, cuya convexidad es consecuencia de su pared celular.






¿De qué trata el corolario sobre cáncer?


De explicar de qué se trata la información biológica que se pierde en las células cancerosas, es decir, en términos de contenido de información, y también en términos cuantitativos, porque una cosa son los bits requeridos como unidad de capacidad de almacenamiento y otra distinta es de qué se trata la información, y esto último es lo que más debe importarnos en la biología. Uno de los problemas que existe en la biología moderna es que se entiende la información como una cosa, como cuando decimos “ojo que el archivo adjunto es muy pesado” en el día a día, como si la información fuera una especie de arena en una carretilla que uno puede mover y apilar. Sí, lo que permite que emerjan contenidos de información, en otras palabras, la semiosis, puede viajar, pero no es una cosa sino condiciones de borde sobre la liberación de energía en las cosas, lo que en inglés también se conoce como constraints. Constraints sobre la liberación de energía da trabajo termodinámico como resultado, que es otro concepto importante para esta descripción, como mencioné antes.






¿Cuál crees que es el aporte que tu investigación le entrega a la sociedad?


Para responder esa pregunta tengo que decir que el resurgimiento del fanatismo religioso en el mundo tiene que ver en parte, creo, con que la ciencia moderna, al negar al menos en su discurso la existencia de teleología en los seres vivos, también ha negado en particular cualquier concepto de valor o significado en términos científicos. El significado y el valor tienen una tremenda importancia en nuestra experiencia como seres humanos. La religión entrega un relato para mí nada convincente sobre el valor y el significado de las cosas, pero al menos entrega uno. En la física y la química está súper bien que valores y significados no existan, pero la biología está justo en la frontera de las disciplinas donde la existencia del valor, por ejemplo, la distinción entre “bueno para el sistema” y “malo para el sistema” y los significados debe empezar a ser reconocida para hacer cualquier avance. Esta frontera donde está la biología, frontera que nos dejó Descartes y que no debiese existir porque el mundo natural es uno solo, es la que existe entre las ciencias naturales y las ciencias sociales.






En las ciencias sociales la teleología ni siquiera se discute. Se toma como dato, porque no se podría hacer ningún avance de lo contrario. Los psicólogos cuando quieren ayudarte no te ven como un montón de moléculas que hace cosas, te ven como una persona, es decir, como un sistema que tiene, y la neurobiología está llamada a explicar cómo tiene, expectativas, sueños, temores, valores, etc. No te ven como un robot ultra sofisticado, por la poderosísima razón de que no lo eres. Quiero contribuir a tratar de darle una vuelta de tuerca a la biología para que camine en otra dirección; la de la evolución entendida junto a las propiedades teleológicas, porque las requiere para que haya selección natural para empezar. O algo así como que la biología deje de tratar a la teleología como a la amante y que alegremente vocifere en público que, tal como dijo Haldane, no puede vivir sin ella.



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