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El derecho al olvido

 

Noticia Vicerrectoría de Investigación

14 September 2017

María José Labrador, periodista, profesora e investigadora de la Universidad Mayor, responde éstas y otras preguntas en su libro GOOGLE DERECHO AL OLVIDO Y DESAFÍOS ÉTICOS EN EL ESCENARIO MEDIÁTICO DIGITAL.

 

¿Has buscado tu propio nombre en Google?, ¿qué aparece?, seguramente tu perfil de Facebook, de Linkedin o de Twitter. Pero, ¿qué harías si apareciera una noticia en la que estás involucrado como infractor de la ley?, ¿y si además aquello fuera cierto pero quieres mantenerlo en privado?, ¿a quién le reclamarías?, ¿a Google o al medio que publicó la noticia?, ¿tenemos derecho a que se olvide lo que hemos hecho?




María José Labrador, periodista, profesora e investigadora de la Universidad Mayor, responde éstas y otras preguntas en su libro GOOGLE DERECHO AL OLVIDO Y DESAFÍOS ÉTICOS EN EL ESCENARIO MEDIÁTICO DIGITAL.




¿Cómo nace este libro?


El libro es el resultado de una investigación interdisciplinaria internacional que nace en el marco de la coordinación de investigación de la Escuela de Periodismo de la Universidad Mayor en conjunto con la Escuela de Comunicaciones de la Brigham Young University, mediante un intercambio educacional entre Chile y los Estados Unidos de América, como lo es la Comisión Fulbright (Beca Fullbright). En dicho ámbito, nos propusimos con el profesor Ed Carter, avanzar hacia la discusión del derecho al olvido y los desafíos éticos en el escenario mediático digital, acercar y aportar algunos hallazgos significativos sobre la casuística y estado del arte de un tema tan crucial como el llamado derecho al olvido.




Para lograr este trabajo, fue necesario la revisión de registro documental pertinente; bibliografía especializada, evidencia internacional, marcos regulatorios diferenciados por ámbitos vinculados a las áreas de influencia, referencias institucionales chilenas y extranjeras, entre otros, que dieran un marco sistemático de los antecedentes, producidos tanto por el mundo académico como por los diversos casos, prácticas y experiencias de diversos países. La conformación del equipo de trabajo de periodistas y abogados, distinguidos académicos e investigadores del ámbito nacional e internacional, se concretó gracias al manifestado interés por reflexionar sobre el llamado derecho al olvido y la ética en el ámbito digital. Lo anterior, tras el caso de reclamación del ciudadano español Mario Costeja, quien buscaba que sus datos personales “desaparecieran” de las búsquedas de Google, lo que llevó a la justicia europea a posicionarse acerca de cómo aplicar la normativa de protección de datos a los buscadores de Internet.




Mario Costeja es un caso emblemático de alguien que decidió tomar acciones en contra de Google, ¿no es así?


Exacto, Mario Costeja demanda a Google porque quiere dejar de aparecer como un deudor.




El Tribunal de Justicia de la Unión Europea sentenció que Google, el buscador de páginas webs más popular del mundo, debía eliminar los enlaces a informaciones antiguas de una persona, si esta era capaz de acreditar una vulneración a sus derechos y además si tales antecedentes carecían de relevancia pública. El fallo produjo un amplio debate mundial sobre el conflicto producido entre la libertad de expresión y los derechos de personas que sienten lesionados sus derechos a la honra y a la vida privada en el espacio digital, especialmente por la ilimitada capacidad de memoria que posee tal universo, a partir del comienzo de la era de la digitalización que comenzó a mediados de los años 90´. Un nuevo derecho que cautele tales externalidades negativas ha comenzado hace no mucho tiempo a configurarse: el derecho al olvido, que les permitiría a los afectados poder actuar para impedir la difusión de información personal a través de Internet. Como puede advertirse, ha sido la misma eficiencia y utilidad de Google la causante de las acciones en su contra.




Google, al perder la demanda debe bajar esa información que dice que el tipo es deudor, pero ocurre lo que analizamos en el libro posteriormente, el famoso “efecto Streisand”, es decir que esto se reviraliza, por lo que ahora Mario Costeja aparece en dos mil setecientos sitios, en los que obviamente figura en otros términos. Ahora aparece como el primer caso de derecho al olvido del mundo..




El primer punto y más importante es que si yo saco los datos de memoria caché en un buscador como Google, la información de Mario Costeja queda igual en el diario La Vanguardia online por ejemplo, porque yo no puedo sacar los datos de un medio de comunicación, aunque los hayan borrado de Google, y allí empieza el debate. Hay investigadores que opinan que bajar esa información del diario no atenta contra el derecho a la información, hay otros que opinamos que no sólo eso, sino que habría problemas serios de libertad de expresión, porque si lo publicado es verídico, yo no tengo motivo para sacarlo del medio.




¿Con quiénes escribiste el libro?


Somos un equipo de investigadores formado por abogados expertos y periodistas que trabajamos en dos grandes ejes: el derecho al olvido y los sistemas de responsabilidad mediática, accountability, en el escenario digital actual de los medios. El libro a través de seis capítulos centra dichos ejes temáticos en la discusión y reflexión al respecto y los diversos casos que se han presentado en los últimos años en Europa, Norteamérica y América Latina (Chile y México).




¿Desde dónde comienzan a desarrollar este tema?


Entre algunas perspectivas sobre el estado del arte, encontramos que el derecho al olvido en la doctrina norteamericana se acoge a la primera enmienda (“the right to be let alone”). En la actualidad este derecho, del que actualmente incluso se discute su contenido, se entiende como una proyección del derecho fundamental a la protección de los datos. Es decir, un derecho sobre el poder de disposición que tenemos sobre nuestros propios datos de carácter personal. Un derecho a decidir sobre los usos que se hacen de nuestros propios datos, de tal forma que sólo se podrán realizar aquellos tratamientos para los que se cuente con el consentimiento o aquellos amparados por una ley, ya sea la propia Ley de Protección de Datos o cualquiera otra. En definitiva, si no hay un amparo legal, es necesario recabar el consentimiento del interesado. Este poder de disposición afecta, en primer lugar, a qué datos se puede recabar, y posteriormente qué se puede hacer con ellos y durante cuánto tiempo.




En el contexto europeo, se describen algunos “olvidos” y otras tendencias negativas respecto de las libertades informativas en internet. Se plantea la discusión sobre el derecho a la información, la libertad de expresión, el interés público sobre el privado y los desafíos éticos al respecto, sobre todo en lo que concierne a la información, la dignidad humana, el honor, la privacidad y la intimidad y cómo todo aquello juega con la libertad de expresión de los medios.




Sin duda, los medios desempeñan un rol importante en esta materia.


Absolutamente, se plantean que los cambios en el escenario digital actual deben abrir el camino a unos medios de comunicación más abiertos y comprometidos en relación con sociedades cada vez mejor informadas, audiencias y usuarios que se manifiestan como críticos. Durante mucho tiempo se restó importancia a la presencia activa de la gente, aún ahora hay sectores que se arrogan el derecho de decidir y actuar tal y como si supieran aquello que la gente quiere y necesita. Las audiencias han tomado la palabra, auditan, es decir, escrutan, analizan y desean participar en los contenidos de los medios, reclaman derechos como el de réplica o de rectificación y los concernientes al ejercicio profesional en los medios de comunicación, una tendencia observable en Norteamérica, Europa y América Latina. Lo anterior no sólo pone en cuestión y admite una revisión en la industria de los medios, sino también la manera de ejercer el periodismo. Nunca como hasta ahora la información había sido un bien tan abundante ni se había consumido en tanta cantidad y por tanta gente y junto con ello, los grupos multimedia han caído en luchas comerciales, lo que ha mermado el prestigio de muchos y la credibilidad del público.




¿Tú crees que el olvido es un derecho?


Tú tienes el derecho a que tu pasado no te persiga y no sea tu presente siempre y cuando no hayas incurrido en ningún delito, antiguamente había que averiguar e indagar muchísimo para poder llegar a los antecedentes delictivos de una persona. Hoy en día aquello sale en primera plana de los buscadores. En ese sentido, yo creo que si efectivamente hay un cambio en la actitud de la persona que cometió el delito o ya pagó lo que hizo, pues tendría el derecho a que aquello no se despliegue para siempre en una vitrina como Google. Ahora bien, existen delitos de abusos gravísimos para los cuales siempre debiera existir información permanente al respecto.




El problema con eso es que ocurre una paradoja tremenda, porque por ejemplo en el caso de Mario Costeja Google retiró esa información, pero no se le puede pedir a los medios que borren esa noticia, si es que es verídica, pues habría una intervención directa sobre su libertad de expresión y el derecho a la información.




¿No crees que esto es bastante caótico? De alguna manera lo que se sube de uno es incontrolable y tenemos pocas posibilidades de bajar información desfavorable de los buscadores.


Sí, la aplicabilidad del aspecto legal sigue siendo compleja y de ahí la relevancia de esta línea de investigación. Pienso que cada país va a ir adoptando diferentes doctrinas, dependiendo de la casuística. Efectivamente no existe una conciencia de lo que significa proteger tu propia privacidad. Las redes sociales nos han dado a todos la posibilidad del minuto de fama, de hablar y contar experiencias a permanencia y compartir contenido, pero no hay una adecuación entre estas grandes posibilidades y lo que significa la responsabilidad individual que implica difundir esa información. Todos tendrían que saber que la información que compartimos contiene una cuota muy importante de nuestra privacidad, el problema es que la revolución digital rompió algo en la esfera de la intimidad.




Qué complejo mantenerse al margen de todo eso.


Se complejiza aún más cuando además hay información que otras personas suben de mí. Porque yo puedo optar, por ejemplo, por no subir imágenes ni de mí, ni de mi familia, pero hay alguien más que sí lo hace, ¿y quién se hace cargo del buen o mal uso que se haga de eso?




¿Hasta qué punto nuestro desconocimiento contribuye a qué nos expongamos de formas muchas veces irresponsables?


Lamentablemente ni los nativos digitales conocen del todo los alcances, no creo que muchos hayan leído el contrato que hacen con Facebook. Sin duda quienes estamos en el ámbito académico también tenemos el deber de advertir lo que puede venir en los próximos años y de concientizar sobre el cuidado de la intimidad, de la privacidad y de la responsabilidad en el uso no sólo de tu información, sino también de la de otros. Si subes una imagen inadecuada en un ámbito social puede afectar a la postre a tu búsqueda de trabajo profesional, por citar solo un ejemplo.




Para concluir, ¿dónde podemos conseguir tu libro María José?


Ril Editores se encargará de distribuirlo en todas las librerías de Chile. Además, estará disponible en E-Book y Amazon a partir de diciembre.
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