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Premios NacionalesDécada de Dos Mil Década de los Noventa Década de los Ochenta Década de los Setenta Década de los Sesenta Década de los Cincuenta Augusto d´Halmar - Joaquín Edwards Bello - Mariano Latorre - Pablo Neruda - Eduardo Barrios - Samuel Lillo - Ángel Cruchaga - Pedro Prado. Efraín Barquero – Premio Nacional de Literatura 2008 Efraín Barquero es un poeta que teje su obra a partir de la visión de las cosas simples del acontecer cotidiano, como por ejemplo el pan, la miel, la agricultura, y desarrolla un fuerte compromiso con la mujer como queda reflejado en sus libros “La compañera” (1956) y “La Compañera y otros poemas” (1969). Considerado en sus inicios como el natural continuador de la línea de desarrollo poético abierta por Pablo Neruda, su primer libro “La piedra del pueblo” (1954) fue calurosamente recibido por la crítica por su temática y por el surgimiento de una voz definida y bien calibrada dentro del panorama literario. En el exilio, Barquero continuó su labor creativa principalmente en Francia, país en el que escribió "A deshora” entre 1979 y 1985, libro que fue publicado en Chile -al igual que “Mujeres de oscuro” y “El viejo y el niño”- en el año 1992. Actualmente, Efraín Barquero vive alternativamente entre Chile y Francia, donde también permanece una parte de su familia. A los 77 años, y tras ser candidato desde los años 70, el 25 de agosto de 2008 obtuvo el Premio Nacional de Literatura por decisión unánime del jurado. José Miguel Varas – Premio Nacional de Literatura 2006 En 1946 publicó “Cahuín”, su primer libro, en el que reunió crónicas y anécdotas de su vida estudiantil. Los rasgos propios de su posterior narrativa aparecen retratados en dicha obra: la ironía y la picardía; la precisión y sagacidad del lenguaje, y la representación de realidades y caracteres representativos del ser nacional chileno. Posteriormente, dos volúmenes atrajeron nuevamente la atención del público en la década del sesenta: “Porai” (1963) y “Lugares comunes” (1967). Se trata de dos libros diferentes en sus temas y estructura, pero en los que aparecen igualmente recreados personajes populares de diversas condiciones sociales y oficios. Su extensa obra está compuesta, entre otros títulos, por “Sucede” (1950), “Historias de risas y lágrimas” (1972), “Las pantuflas de Stalin” (1990), “Neruda y el huevo de Damocles” (1992), “El correo de Bagdad” (1994), “Exclusivo” (1996), “Cuentos de ciudad (1997), “Nerudario” (1999), “Cuentos completos” (2001), “Neruda clandestino” (2003), “Los sueños del pintor” (2005), “El seductor” (2006) y “Conducta de un gato” (2006). Reconocido por la crítica, en palabras de Armando Uribe “José Miguel Varas es el mejor cientista de historias en mi lengua chilena”. Armando Uribe – Premio Nacional de Literatura 2004 Armando Uribe, considerado miembro de la Generación del '50, publicó en 1954 su primer libro “El transeúnte pálido”, un año después de aparecer en la antología “El joven laurel”. Le seguirán títulos como “Los obstáculos” (1961), “Posesión minera” (1965), “No hay lugar” (1971) y “Por ser vos quien sois” (1989), en lo que se observa que la ironía es uno de los elementos más importantes. A juicio de la crítica, la voz de Armando Uribe se vuelve un desgarro para enfrentar las constantes de su obra poética: el dolor, la persistencia de la muerte, el asombro ante la divinidad. De esta manera nacieron libros como “El engañoso laúd” (1956) y “No hay lugar” (1970), “Pound” (1963), “Por ser vos quien sois” (1989), “Odio lo que odio, rabio como rabio” (1998), “Los ataúdes y Las erratas” (1999), “Las críticas de Chile” (1999) y “El fantasma de la sinrazón & El secreto de la poesía” (2001). Al momento de entregarle el Premio Nacional de Literatura 2004, el jurado destacó “la característica de su obra, que es el compromiso existencial del hombre frente a la vida y la muerte, manifiesto en un estilo dramático y singular desarrollado a través de una extensa producción”. Volodia Teitelboim – Premio Nacional de Literatura 2002 Volodia Teitelboim, considerado miembro de la Generación Literaria de 1938, en 1952 publicó su novela “Hijo del salitre”, que Neruda consideró en su prólogo “racimo asombroso de vida y de luchas cargadas de semillas”. En 1954 fundó y dirigió en Santiago la revista cultural Aurora y, posteriormente, en los años setenta -durante su exilio- fundó y dirigió Araucaria de Chile que, Publicada en Madrid por doce años, fue un importante órgano de resistencia crítica de los intelectuales exiliados, tanto chilenos como latinoamericanos. Durante más de sesenta años Volodia Teitelboim ha descrito una extensa parábola literaria, caracterizada por su compromiso e intensidad. Testigo y actor de nuestro tiempo, analista y expositor del proceso cultural chileno del siglo XX, ha dejado una obra que sólo puede ser producto de un activo participante de nuestra Historia. Los libros de memorias de “Teitelboim, Un muchacho del siglo XX” (1997), “La Gran Guerra de Chile y Otra que Nunca Existió” (2000) y “Noches de Radio” (2001), recogen desde su perspectiva política y social, un gran arco de situaciones y vivencias del Chile del siglo XX. Raúl Zurita – Premio Nacional de Literatura 2000 El año 1979 apareció un libro de poesía que desconcertó tanto a lectores como a críticos de la época: el texto se titulaba “Purgatorio”, haciendo alusión directa a “La divina comedia” de Dante. Este libro constituyó el primer paso de un proyecto de restituir la vida del autor –su mente, su cuerpo, su martirio- en la poesía. Abolir los mal llamados contrarios era la consigna de las primeras vanguardias que recoge Raúl Zurita, junto a otros poetas de la Generación del 1980, como Diego Maqueira, Gonzalo Muñoz y Carlos Cociña, quienes forman un movimiento que se conoció como "Neovanguardia" o “Escena de avanzada”. En 1982 se publica “Anteparaíso”, descrito por algunos como el tránsito del dolor a la gloria, la incursión en la angustia humana, expresada a través de una innovadora poética, producto de su libre imaginación y la relación textual con obras claves de la literatura universal. Zurita Ha realizado numerosas "acciones de arte”, como escribir poemas en el cielo de Nueva York con humo lanzado por aviones; en el desierto de Chile, en tanto, grabó el verso "Ni pena ni miedo", que puede ser leído desde el cielo. Su obra también incluye, entre otros, “Canto a su amor desaparecido” (1985), “Canto de los ríos que se aman” (1993), “Cinco fragmentos” (2007), “Las ciudades de agua” (2008) y “Cuadernos de guerra” (2009). Alfonso Calderón – Premio Nacional de Literatura 1998 A sus múltiples antologías –“Antología de la fábula” (1964), “Antología de leyendas y tradiciones” (1965), “Antología de la poesía chilena contemporánea” (1971), “Antología poética de Gabriela Mistral” (1974), -entre otras- se sumó un interesante trabajo memorialista. En 1995 publicó “La Valija de Rimbaud”, que es el primer tomo de una serie de volúmenes correspondientes a sus diarios de vida. En 1970 publicó su novela “Toca esa rumba don Azpiazu”, que refleja la sensibilidad de su generación. Calderón, integrante de la Generación Literaria de 1950, privilegió una vida dedicada a la literatura y a la formación de nuevos autores nacionales, junto con desarrollar una importante labor de orientación y sistematización de las letras chilenas. En este sentido, destacó su labor en el ordenamiento y edición de las crónicas de Augusto D'Halmar, Joaquín Edwards Bello, Teófilo Cid y Ricardo Latcham, entre otros, además de los ensayos de Martín Cerda, dispersos en diarios y revistas. Sus hijas Teresa y Lila son reconocidas docentes y poetisas chilenas. Miguel Arteche – Premio Nacional de Literatura 1996 En 1947, Miguel Arteche publica su primer volumen de poemas, “La invitación al olvido”, texto que debe situarse como uno de los más hermosos primeros libros de la poesía chilena, y a partir de él el poeta no cejará en la búsqueda de su estilo y en el constante oficio poético: año tras año irá publicando distintos libros de poemas que lo consolidarán como una de las voces más destacadas de la generación del 50: “Oda fúnebre” (1948), “Una nube” (1949), “El sur dormido” (1950) y “Cantata del desterrado” (1951). Arteche estudió literatura en la Universidad de Madrid (1951-1953), y allí fue agregado cultural de la embajada de Chile (1965-1970). Sus libros más destacados son "Destierros y tinieblas" (1964) y "Noches" (1976), y entre su obra encontramos "Tercera Antología" (1991), "Fénix de madrugada" (1994) "Mapas del otro mundo" (1975), y "Las naranjas del silencio" (1984), entre otros. En 1980 obtuvo el Premio Internacional IBBY por su libro "Llaves para la poesía". Es miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua, de la Real Academia Española y del Instituto de Chile. Jorge Edwards – Premio Nacional de Literatura 1994 En 1952 publicó su primer volumen de cuentos, “El patio”, el cual tuvo excelente acogida y diez años más tarde editó otro volumen de cuentos, titulado “Gente de la ciudad”. En los años siguientes ejerció como secretario de la Embajada de Chile en París, y paralelamente escribió “El peso de la noche”, publicado en 1965. Con este libro Jorge Edwards comenzó una nueva etapa en su carrera literaria y en su estilo de escritura. Es reconocido como un autor de peso y algunos críticos se aventuraron a señalar que por sus temáticas, centradas en la preocupación del tiempo y la realidad histórica chilena y de una clase particular (la burguesía) Edwards integraba la Generación Literaria de 1950. En 1978 fue designado miembro de la Academia Chilena de la Lengua y en los años siguientes publicó dos de sus libros más comentados, “El museo de cera” (1981) y “El anfitrión” (1987). El año 2000 se le otorgó el Premio Cervantes, distinción considerada por la crítica como el nobel hispanoamericano, y el mismo año el presidente Ricardo Lagos lo condecoró con la Orden al mérito de Gabriela Mistral, al tiempo que el escritor publicaba su libro “El sueño de la historia”. Gonzalo Rojas – Premio Nacional de Literatura 1992 Autor fragmentario, Rojas sólo publicó tres libros entre 1948 y 1977. Es considerado ya desde sus comienzos una de las voces de mayor importancia para la poesía chilena del siglo XX. Entre sus obras se encuentran “Contra la muerte” (1964), “Transtierro” (1978), “Antología del aire” (1986), “Antología personal” (1988), “Carta a Huidobro y morbo y aura del mal” (1994) y “Pacto en Teillier” (1996), entre otras. La Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) realizó una trilogía con lo mejor de la obra de Gonzalo Rojas, dentro de la cual se enmarca las publicaciones “¿Qué se ama cuando se ama?” (2000), “Réquiem de la mariposa” (2001) y “Al Silencio” (2002). José Donoso – Premio Nacional de Literatura 1990 Luego de la publicación de “Veraneo y Otros Cuentos” en 1955 conquistó definitivamente un sitial destacado en la literatura latinoamericana con su novela “Coronación”, publicada en 1958 y reeditada en Chile y en el extranjero. En “Coronación” se desarrollan algunos de los temas fundamentales del autor: la identidad, el disfraz y la máscara, el orden y el desorden, la razón, la locura, la imaginación y la realidad. Considerado como parte del llamado boom latinoamericano, ha sido, sin duda, el novelista chileno más conocido, traducido y estudiado en Estados Unidos y Europa. En 1995, José Donoso fue condecorado con la Gran Cruz del Mérito Civil, otorgada por el Consejo de Ministros de España. Tras su regreso a Chile, dirigió por varios años un taller literario que jugó un rol fundamental en la gestación de la Nueva Narrativa Chilena. Entre las obras más importantes de José Donoso destacan: “El Obsceno Pájaro de la Noche” (1970), “Tres Novelitas Burguesas” (1973), “Casa de Campo” (1978), “El Jardín de al Lado” (1981), y “La Desesperanza” (1986). Eduardo Anguita – Premio Nacional de Literatura 1988 Comenzó a escribir en 1934, cuando tenía 20 años, con “Tránsito al fin”, poemario que fue traducido al inglés en 1942. Considerado miembro de la Generación Literaria de 1938, inició su actividad creativa en un período marcado por el surrealismo y el creacionismo. Fue amigo y admirador de Vicente Huidobro y compartió búsquedas poéticas con Pablo Neruda y Volodia Teiltelboim, además de mantenerse vinculado muchos años al grupo Mandrágora. Dentro de sus obras más destacadas se cuentan “Antología de poesía chilena nueva” (1935), “Venus en el pudridero” (1967), “Poesía entera” (1971), “Antología de Vicente Huidobro” (1945), “El poliedro y el mar” (1962), “La belleza de pensar: 125 crónicas” (1987) y “Anguitología” (1999).
Enrique Campos Menéndez -Premio Nacional de Literatura 1986 Luego de realizar un viaje alrededor del mundo, escribe su primer cuento titulado “Menéndez-Behety”, y pronto parte a Buenos Aires para ingresar a la Facultad de Ciencias Económicas. En esta ciudad fue más constante en su trabajo literario y presentó, bajo el auspicio de la editorial Kau, su primer libro de cuentos, el cual denominó Kupén (1940). Autor de más de 45 libros, designado a los 24 años por Arturo Alessandri Palma como miembro de la Embajada chilena en Argentina, fue embajador de Chile en España, ex asesor cultural del gobierno militar en Chile y director de la Dirección de Archivos y Museos. En 1964 publicó “Sólo el viento”, uno de sus libros más representativos de su producción literaria, que culminará con una última novela en 1999, llamada "Andrea". Braulio Arenas – Premio Nacional de Literatura 1984 En 1935 escribió su novela “Adiós a la familia”, que sometió a permanente reelaboración y que es considerada por muchos su mejor trabajo en dicho género. En 1938 fundó junto a Cid y Gómez Correa el grupo Mandrágora, de tendencia surrealista, en la etapa de la libertad expresiva y de los experimentos literarios que ya dominaban desde hace años el mundo de las artes. Ruptura, trasgresión y una mirada iconoclasta son los motores del grupo por ese entonces. Muchas anécdotas se cuentan sobre Arenas y Mandrágora, como cuando en 1940 interrumpió un acto en el Salón de Honor de la Universidad de Chile en el que participaba Pablo Neruda y, luego de arrancarle el discurso de las manos, lo rompió en mil pedazos. Su extensa creación literaria incluye, entre otros títulos, “El mundo y su doble” (1940), “La mujer mnemotécnica” (1941), “Luz adjunta” (1950) “La simple vista” (1951), “Versión definitiva” (1956) y “Ancud, Castro y Achao” (1963). Marcela Paz – Premio Nacional de Literatura 1982 La serie de libros de Papelucho terminó en 1974 con “Papelucho: Soy dix leso”, pero su producción literaria también incluyó “Tiempo, papel y lápiz” (1933), “Soy colorida” (1935), “Muselina Pérez Soto” (1974), “Perico trepa por Chile” (1978), “El soldadito rojo” (1981), y “Los secretos de Catita” (1981). Aparte de escribir, según ella misma contó en una carta en 1969, tuvo otros hobbies como la escultura, cerámica, tallados en marfil, madera, esmalte y decoración. Marcela Paz dedicó sus últimos años a sus nietos y bisnietos, y a continuar el desarrollo de su obra, como la producción para la televisión de "Perico trepa por Chile", y a sus diversas actividades de ayuda a otras personas. Muere el 12 de junio de 1985 con 83 años. Sus obras siguen publicándose en diversas editoriales y formatos, y tienen una acogida creciente. Una pequeña sala para niños de la Biblioteca Nacional y varias escuelas en diversas partes del país, llevan su nombre en homenaje a esta gran escritora nacional. Roque Esteban Scarpa – Premio Nacional de Literatura 1980 En 1931 integró a la academia literaria de la ANEC (Asociación Nacional de Estudiantes Católicos), junto a Eduardo Anguita, Andrés Sabella, Samuel Arellano Marín y otros. En 1935 publica “Dos poetas españoles: Federico García Lorca y Rafael Alberti” con sólo 21 años de edad. Durante los quince años siguientes realizó una tarea inmensa, la que se tradujo en obras personales, ensayos, famosas antologías de poesía española, conferencias y colaboraciones en revistas y diarios. A partir de 1976, reinició su actividad poética después de veinticinco años de silencio en dicho género. A "No tengo tiempo" se agregan sus obras mayores “El árbol deshojado de sonrisas” (1977), “La ínsula radiante” (1978), “El laberinto sin muros”, “Ciencia de aire”, “Variaciones sobre un antiguo corazón”, todos ellos publicados en 1981. El último de sus libros fue el que lleva el premonitorio título de “Madurez de la luz” (1987). Rodolfo Oroz - Premio Nacional de Literatura 1978 Entre sus trabajos se cuentan más de 200 publicaciones como libros, folletos y artículos, de los que cabe destacar: “Diccionario español-inglés, inglés –español” (1928) y el “Diccionario de la lengua castellana” (editado en los años: 1943, 1954, 1973). Uno de sus artículos que llama la atención -por la peculiaridad del campo de estudio del que se ocupa- es el titulado “El castellano de nuestros deportistas (football-balompié)”, que fue publicado en Revista Studium en 1927. Arturo Aldunate Phillips - Premio Nacional de Literatura 1976 El extenso trabajo de Arturo Aldunate consta de 21 escritos, dentro de los que destacan: “Era una sirena” (1921), “El problema de las utilidades y la crisis económica actual” (1934), “El nuevo arte poético y Pablo Neruda” (1936), “Federico García Lorca a través de Margarita Xirgú” (1937), “Matemática y poesía” (1940), “Estados Unidos, gran aventura del hombre” (1943), “Al encuentro del hombre”, (1953), “Albert Einstein, el hombre y el filósofo” (1956), “Quinta dimensión” (1958), “Universo vivo” (1970), “El amenazante año 2000” (1975), “Los caballos azules” (1978) y “Luz, sombra de Dios” (1982), entre otros.
Sady Zañartu - Premio Nacional de Literatura 1974 La creación de Sandy Zañartu está compuesta por 11 obras, y éstas son: “Desde el vivac” (1915), “Sor Rosario” (1916), “La danzarina del fuego” (1918), “La sombra del corregidor” (1927), “Llampo brujo” (1933), “Lastarria, el hombre solo” (1938), “Chilecito, cuadros regionales” (1939), “Mar hondo, reminiscencias” (1942), “El Tile viejo y sus cuentos” (1963), “Tomelonco” (1968) y “Color América,” (1969).
Edgardo Garrido - Premio Nacional de Literatura 1972 Su obra narrativa está compuesta por: “La partida” (1912), “Pa Todos” (1912), “Siempre Casi” (1913), “La Rata Blanca” (1913), “El barco inmóvil” (1928), “El dolor de triunfar” (1933), “El Hombre en la Montaña” (1933), “La saeta en el cielo” (1934), “Perfil de Chile” (1956) y “María de los Ángeles” (1966). Humberto Díaz Casanueva - Premio Nacional de Literatura 1971 Su nutrida obra está compuesta por 15 libros: “El aventurero de Saba” (1926), (Réquiem) 1945, “La estatua de sal” (1947), “La hija vertiginosa” (1954), “Los penitenciales Roma” (1960), “El sol ciego” (1966), “Sol de lenguas” (1970), “Antología poética” (1970), “El hierro y el hilo” (1980), “Los veredictos” (1981), “El pájaro dunga” (1982), “El traspaso de la Antorcha. Araucaria” (1982), “La aparición” (1984), “El niño de Robben Island” (1985), y “Medusa y otros textos inéditos”, publicada póstumamente en el año 2006. Carlos Droguett - Premio Nacional de Literatura 1970 En gran parte de su obra realiza una crítica a la sociedad, que rehuye y es indiferente a sus miserias humanas. Hay que mencionar: “60 muertos en la escalera”, (1953, primer premio concurso Nascimento), “Eloy” (1957, Premio Municipal de Santiago), “Patas de perro”, (1965, su obra más elogiada, en la que relata sobre un niño que nace con patas de perro y las penurias que sufrirá por su condición), “100 gotas de sangre y 200 de sudor” (1961, novela de carácter histórico), “El compadre” (1967), “Supay, el cristiano” (1967), y “Todas esas muertes” (1971, Premio Alfaguara). Asimismo, escribió cuentos, como "Los mejores cuentos de Carlos Droguett" (1968, Premio Municipal de Santiago) y "El cementerio de los elefantes"(1971); y crónicas destacadas como "Escrito en el aire", publicada en 1972. Nicanor Parra – Premio Nacional de Literatura 1969 En 1937 publica “Cancionero sin nombre”, su primer libro de versos, donde dejó entrever huellas de la poesía de García Lorca, y no es hasta 1954 que aparece su segundo libro: “Poemas y Antipoemas”. El sistema antipoético incluye entre sus elementos un personaje antiheroico, humor, ironía, sarcasmo y un verso cuyo léxico y sintaxis no obedecen al modelo literario clásico, sino al lenguaje cotidiano. Nicanor Parra ha sido postulado al Premio Nobel de Literatura en diversas ocasiones, sin haber sido considerado por la Academia Sueca para dicho galardón. En su prolífica obra encontramos aplaudidas publicaciones como “Antipoemas” (1960), “Artefactos” (1972), “Sermones y prédicas del Cristo de Cristo” (1979), “Hojas de Parra” (1985) y la antología “Poemas para combatir la calvicie” (1993). La antipoesía de Parra, desde la década del 50, ha ocupado el escenario de la literatura chilena como uno de los protagonistas centrales. Su influencia en el desarrollo de la poesía chilena, y también en otros géneros literarios, es determinante, y no sería posible reconstruir ese desarrollo en los últimos cuarenta años, sin tener a la vista las premisas y la estimulación poderosa del sistema antipoético. Hernán del Solar – Premio Nacional de Literatura 1968 El año 1946 se convirtió en una fecha clave para su carrera literaria. Junto al escritor catalán, Francisco Trabal, fundaron la Editorial Rapa-Nui, destinada a publicar exclusivamente libros para niños. De esta época son sus libros infantiles más sobresalientes, escritos todos entre 1946 y 1950. “La Noche de Enfrente” (1952) es su libro de cuentos más popular, que incluye los relatos “Pata de Palo” y “Rododendro”, infaltables en cualquier selección de buenos cuentos. En 1965 publicó “Breve estudio y antología de los Premios Nacionales de Literatura”, libro muy aclamado por la crítica por presentarse como una guía hacia los valores de nuestra literatura. Salvador Reyes – Premio Nacional de Literatura 1967 Fue un escritor prolífico, incursionando en la novela, poesía, los cuentos, ensayos y el periodismo, con 22 libros publicados. En su obra es posible advertir una constante evocación al mar, donde se describen puertos, callejuelas, bares, personajes como capitanes, marineros o estibadores. Su primer libro publicado, “El Barco ebrio”, compuesto de 14 poemas, data de 1923 y en 1930 publica su último libro de poemas, “Las mareas del sur”. Una de sus obras más conocidas, la novela “Ruta de la sangre” (1935), cuenta con un prólogo de Augusto D'Halmar. En 1968, en tanto, incursiona en la dramaturgia, publicando la obra de teatro “La redención de las sirenas”. No existe consenso entre los críticos literarios sobre clasificarlo dentro del Imaginismo o del Vanguardismo. Sin embargo, es reconocido como uno de los mayores exponentes de la literatura marítima de Chile. Juvencio Valle – Premio Nacional de Literatura 1966 Tres años más tarde viajó a Santiago y publicó su segundo libro, “El tratado del bosque”, el que generó diversas críticas del medio literario y dio pie a Pablo Neruda para que saliera en su defensa a través de una carta en El Mercurio. En 1941 publica su tercer libro, “Nimbo de piedra”, con el que ganó el concurso organizado por la Municipalidad en homenaje al Cuarto Centenario de la fundación de Santiago. Luego de varios viajes y publicaciones en el extranjero, publicó en 1960 “Del monte en la ladera”, quizás el más importante de sus libros y en el que la influencia de los clásicos españoles se manifestó con absoluta claridad, mezclando la estética del Siglo de Oro con las temáticas constantes en su poesía. Luego de años de viajes por el mundo, finalmente falleció en su casa de Santiago en 1999.
Pablo de Rokha – Premio Nacional de Literatura 1965 En esa época escribió para distintos periódicos, como La Razón y La Mañana, y entre 1922 y 1924 residió en San Felipe y luego en Concepción, ciudad donde fundó la revista Dínamo. En Santiago, realizó múltiples colaboraciones en diarios y revistas y trabajó en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Pablo de Rokha es uno de los primeros en asimilar la influencia de las vanguardias europeas: futurismo, dadaísmo, surrealismo y expresionismo, pero con toques anárquicos y polémicos. Entre sus poemarios figuran “Los gemidos” (1922), “Cosmogonía” (1925), “Morfología del espanto” (1942) y de su autoría son algunos ensayos sobre la realidad americana como “Idioma del mundo” (1958), “Genio del pueblo” (1960), “Estilo de masas” (1965), y el mismo año publica “Epopeya de las bebidas y comidas de Chile” y “Canto al macho anciano”. De Rokha nunca aceptó entregar sus textos a las empresas editoriales, encargándose él mismo de la edición y de su venta. Francisco Coloane – Premio Nacional de Literatura 1964 Una de sus actividades más apreciadas, es la de su aporte a la educación chilena, en la forma de charlas en colegios y como ayuda personal a trabajos de investigación. Algunos de sus cuentos y novelas han sido traducidos a distintos idiomas como el inglés, ruso, sueco y eslovaco. En 1994 fue traducido al francés, y su obra "Tierra del Fuego", con prólogo del escritor chileno Luis Sepúlveda ocupó los primeros lugares de venta en el país galo, con excelente crítica. Entre sus obras más reconocidas están "Cabo de Hornos" (1941), "El Último Grumete de la Baquedano" (1941), "La Tierra del Fuego se Apaga" (1945) -las tres fueron llevadas al cine- y "El Témpano de Kanasaka" (1968). Benjamín Subercaseaux – Premio Nacional de Literatura 1963 En 1936 dio a conocer su primer libro de versos “Quince poemas directos”, el cual pasó casi inadvertido por la crítica. Además, el mismo año publicó “Mar amargo”, que después adaptaría a obra de teatro con el nombre de “Chaina-boy”. Dos años después, escribió uno de los libros más íntimos dentro de su obra literaria, una especie de autobiografía de su infancia, el cual tituló “Niño de lluvia”. En 1940, salió a la luz “Chile, o, una loca geografía”, una de sus creaciones más elogiadas, considerada un homenaje del autor al país. En 1956 anunció su retiro del medio literario para dedicarse exclusivamente a su pasión, la investigación científica. Benjamín Subercaseaux pasó sus últimos años como cónsul vitalicio en París y Mendoza (Argentina), y finalmente falleció en Perú. Juan Guzmán Cruchaga – Premio Nacional de Literatura 1962 Muy joven, comenzó a publicar sus versos en Zig-Zag. A los 19 años publicó “Junto al brasero”, obra lírica e intimista. En 1919, vio la luz su segunda obra, “La mirada inmóvil” y su primera obra teatral, “La sombra”. Posteriormente, publicará “Chopin” (1919) y “La princesa que no tenía corazón” (1920). En 1922 retomó el teatro con “El maleficio de la luna” y publicó su libro de poemas “La fiesta del corazón”. En 1925 publicó una antología con sus mejores versos, “Agua de cielo”, y en los últimos años de su vida “Canción y otros poemas” (1950), “María Cenicienta o la otra cara del sueño” en 1952, “Altasombra” en 1958 y “Sed” en 1978.
Marta Brunet – Premio Nacional de Literatura 1961 Su floreciente carrera como novelista la llevó a Santiago en 1928, donde alternó su actividad literaria con el periodismo y una intensa vida social. Con su nombramiento en 1933 y posterior confirmación como cónsul de profesión en 1943, Marta Brunet inició una larga carrera diplomática que la llevó a Buenos Aires hasta 1952. Diez años después, fue nombrada agregada cultural en Brasil y posteriormente en Uruguay. Durante este período, desarrolló una segunda etapa de su creación literaria, desplazando el escenario de sus personajes femeninos hacia el mundo urbano y la ciudad: “Reloj de Sol” (1930), “Aguas Abajo” (1943), “El Mundo Mágico del Niño” (1959) y “Amasijo” (1962) fueron algunos hitos de este recorrido. Julio Barrenechea – Premio Nacional de Literatura 1960 En 1935 obtiene el Premio Municipal de Santiago, por su obra “Espejo del sueño”. Merece los juicios laudatorios más entusiastas, como éste de Eduardo Barrios: "En Chile, desde que murió Manuel Magallanes Moure, la poesía no nos había dado esta índole de milagro. Creíamos a Magallanes irreemplazable". La mayor parte de su producción literaria está constituida por obras de poesía, pero escribió también crónicas, ensayos y una novela, titulada “El Compadre Mucho Gasto” (1978). Sus obras de poesía giran en torno a diversos temas, tales como el amor, la muerte, y el entorno del hablante, incluyendo la expresión poética de las experiencias del autor en los distintos países en que vivió. Algunos de sus poemarios destacados son “Vida del Poeta” (1949), “Estados de Ánimo” (1975) y “Voz Reunida” (1975).
Los principales escritos de Alone, al margen de sus crónicas, son: “Prosa y Verso” (1909), “La Sombra Inquieta” (1915), “Historia de una obra pía víctima de una obra impía” (1927), “Portales Íntimo” (1930), “El Lincoln de Ludwig”, “Panorama de la Literatura Chilena” (1931), “Las Mejores Páginas de Marcel Proust” (1933), “Las Cien Mejores Poesías Chilenas”, “Don Alberto Blest Gana” (1940), “Gabriela Mistral” (1946), “El Congreso de las Academias” (1951), “Historia Personal de la Literatura Chilena” (1954), “La Tentación de Morir”, (1954), “Aprender a Escribir (1956), “Historia de la Biografía” (1959), “Memorialistas Chilenos” (1960), “Leer y escribir” (1962), “Los Cuatro Grandes de la Literatura Chilena” (1963), “Bello en Caracas” (1963), “Antología del Árbol” (1966), “Literatura Francesa” (1971), “En la Batalla Política” (1974) y “Pretérito Imperfecto” (1976). Diego Dublé Urrutia - Premio Nacional de Literatura 1958 Su producción literaria comenzó con la publicación de los libros de poemas llamado “Veinte años” (1895-1896), “de Reminiscencias” (1897-1898) y “de Melancolía” (1898). Más tarde publicó “Profesión de fe” (1928) y “Memoria genealógica de la familia Dublé” (1942), únicos libros publicados que no correspondían al género lírico. En 1953 publicó “Fontana cándida”, una antología de toda su producción poética.
La obra de Manuel Rojas está compuesta por: “Hombres del Sur” (1926), “El delincuente” (1929), “Travesía” (1934), “El bonete maulino” (1943), “Antología de cuentos” (1957), “Cuentos del sur y diario de México” (1963), “Cuentos” (1970), “Lanchas en la bahía” (1932), “La ciudad de los Césares” (1936), “Hijo de Ladrón” (1951), “Mejor que el vino” (1958), “Punta de rieles” (1960), “Sombras contra el muro” (1964), “La oscura vida radiante” (1971), “Pasé por México un día” (1965), “A pie por Chile” (1967), “Viaje al país de los profetas” (1969), “Imágenes de infancia y adolescencia” (1983, edición definitiva), y “Nómez, Naín y Emmanuel Tornés Reyes” (2005).
Maximiliano Jara - Premio Nacional de Literatura 1956 Francisco Antonio Encina - Premio Nacional de Literatura 1955 Su obra histórica está compuesta por: “La educación económica y el liceo” (1912), “Nuestra inferioridad económica, sus causas, sus consecuencias” (1912), “Portales: Introducción a la Historia de la época de Diego Portales” (1934), “El nuevo concepto de la Historia” (1935), “La literatura histórica chilena y el concepto actual de la historia” (1935), “Historia de Chile desde la prehistoria hasta 1891”, (20 tomos) (1952), “La entrevista de Guayaquil: Fin del protectorado y defunción del ejército libertador chileno” (1953), “Emancipación de la presidencia de Quito, del Virreinato de Lima y del Alto Perú” (1954), “Resumen de la Historia de Chile (redacción de Leopoldo Castedo) (1954) y “La relación entre Chile y Bolivia” (1841-1963). Víctor Domingo Silva - Premio Nacional de Literatura 1954 Sus principales obras son: “Adolescencia” (1906), “Golondrina de invierno” (1912), “Palomilla brava” (1923, novela), “El Alma de Chile” (1928), “El Mestizo Alejo” (1934), “Poemas de Ultramar” (1935), “El Cachorro” (1937) y “La Criollita”. Mientras que en teatro se destacan “El Rey de la Araucanía” (1936), “Aún no se ha puesto el sol” (1950), “La tempestad se avecina” y “El hombre de la casa”.
Daniel de la Vega – Premio Nacional de Literatura 1953 Su trabajo literario está compuesto por 27 obras: “Al calor del terruño” (1911), “El bordado inconcluso” (1913), “Cielito” (1915), “Los momentos” (1918), “El calor de terruño” (1918), “Las montañas ardientes” (1919), “Las instantáneas” (1927), “Fanfarria” (1928), “Luz de candilejas: el teatro y sus miserias” (1930), “Caín, Abel y uña mujer, novela” (1933), “Romancero” (1934), “La muchedumbre ahora es triste” (1935), “Marta Leroux y otras amigas” (1935), “La Quintrala, poemas dramáticos” (1936), “El amor eterno dura tres meses” (1938), “Reino de angustias” (1939), “La sonrisa con lágrimas” (1941), “Mansión desvanecida” (1942), “La comarca nocturna” (1943), “Silva de plata vieja” (1950), “Cantares de piedra”, (1950), “La pobre talega, de estrellas” (1951, “Confesiones imperdonables, I, II, II y IV serie (1963), (1964), (1965) (1967) y “La despedida” (1982). Fernando Santivan – Premio Nacional de Literatura 1952 La extensa obra de Santivan está compuesta por: “Palpitaciones de vida”, (1909), “Ansia” (1910), “Crisol” (1913), “La Hechizada” (Obra maestra, incluso logró traducciones al alemán) (1916), “En la montaña” (1917), “Robles, Blum y Cia.” (1923), “Braceando en la vida” (1927), “Confesiones de Enrique Samaniego: memorias literarias” (1933), “Charca en la selva” (1934), “El mulato Riquelme” (1951), “Memorias de un Tolstoyano” (1955), “Confesiones de Santiván”, “Recuerdos literarios” (1958), “Bárbara” (1963) y “Obras completas” (con prólogo de Ricardo Latcham) (1965). Gabriela Mistral – Premio Nacional de Literatura 1951 Su obra llena de ternura y desolación destaca por la búsqueda de la dimensión total y está compuesta por: “Sonetos de la Muerte” (1914), “Desolación” (1922), “Lecturas para mujeres” (1923), “Ternura” (1924), “Nubes blancas y breve descripción de Chile” (1934), “Tala” (1938), “Todas íbamos a ser reinas” (1938), “Antología” (1941), “Lagar” (1954), “Recados, contando a Chile” (1957), “Poema de Chile” (1967, edición póstuma), “Almácigo (2008, edición póstuma de poemas inéditos) y “Niña errante (2009, epistolario con Doris Dana), entre otras.
José Santos González – Premio Nacional de Literatura 1950 González Vera ha sido clasificado en ocasiones como el primer y mejor escritor chileno minimalista por su estilo sencillo y sobrio, y cuenta entre sus obras con: “Vidas mínimas” (1923), “El conventillo” (1928), “Una mujer” (1928), “Alhue. Estampas de una aldea” (1928), “Cuando era muchacho 1951”, “Eutrapelia, honesta recreación” (1955), “Algunos” (1959), “La copia y otros originales” (1961) y “Necesidad de compañía” (1968).
Pedro Prado – Premio Nacional de Literatura 1949 Su obra “Pájaros errantes”, publicada en 1915, es considerada por muchos críticos como la obra poética cumbre de Pedro Prado. Es un libro escrito en prosa, que recoge lo mejor de la tradición parnasiana y simbolista, mostrando una gran conciencia de la composición, que podría leerse como la conjunción del arquitecto con el poeta. Empezó cultivando el verso libre como se ve en su primera obra “Flores de cardo” (1908), luego el soneto en “Camino de las Horas” (1934) y “Las Estaciones del Amor” (1949). Escribió tres novelas: “La Reina Rapanui” (1914), “Alsino” (1920) y “Un Juez Rural” (1924).
Ángel Cruchaga – Premio Nacional de Literatura 1948 Su producción literaria es extensa y de un valor reconocido en el país y en el extranjero. Su primer título fue “Las Manos Juntas” (1915), al que le siguieron pronto “La Selva prometida” (1920), “Job”(1922), “Los mástiles de oro” (1923), “Paso de Sombra”(1929), “Rostro de Chile”(1955) y “Jade”(1959). En reconocimiento a su obra, se publicó en Buenos Aires un bello volumen con sus “Obras Completas”, con una selección de sus escritos realizada por Pablo Neruda.
Samuel Lillo – Premio Nacional de Literatura 1947 “Canciones de Arauco” (1908), “A Vasco Núnez de Balboa” (1914), “Bajo la cruz del sur” (1926), “Canto a la América Latina” (1913) y “Fuente secreta” (1933), son algunas de las obras que nos muestran un carácter narrativo de la poesía épica que se encuentra ligado a imágenes típicas chilenas, las que convierten a Samuel Lillo en un criollista lírico. Eduardo Barrios – Premio Nacional de Literatura 1946 Fue miembro de la Academia Chilena de la Lengua, de la Academia Argentina de Letras y de la Academia Brasileña. En general, la obra de Barrios se distingue por el acertado manejo del idioma, un estilo claro y atractivo y por su capacidad para recrear situaciones y personajes, introduciéndose con propiedad en sus características sicológicas. De sus libros publicados, sobresalen cuatro: “El Niño que enloqueció de amor” (1915), “Un perdido” (1917), “El hermano Asno” (1922) y “Gran señor y Rajadiablos” (1948). Esta última, para muchos, es su gran obra, pero la que se llevó todos los aplausos, en todo caso, fue “Un Niño que enloqueció de amor”, a tal punto que hoy es lectura obligada en los establecimientos educacionales y cuenta con varias reediciones.
Pablo Neruda – Premio Nacional de Literatura 1945 Su última aparición en público fue el 5 de diciembre de 1972, donde el pueblo chileno realizó un homenaje al poeta en el Estadio Nacional. En febrero de 1973, por razones de salud, renuncia a su cargo de embajador de Chile en Francia, y el 19 de septiembre, al agravarse su salud, es trasladado de urgencia desde su casa de Isla Negra a Santiago. Finalmente, el 23 de septiembre Pablo Neruda muere a las 22.30 en la Clínica Santa María. De sus obras publicadas en vida se encuentran “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924), “Residencia en la tierra” (1935), “Canto general” (1950), “Los versos del capitán” (1952), “Cien sonetos de amor” (1959), “Memorial de Isla Negra” (1964), “Las manos del día” (1968), y “La rosa separada” (1972), por citar sólo algunas. Póstumamente se editarán antologías y selecciones en todo el mundo, entre ellas “Confieso que he vivido” (1974) y “Cartas de amor de Pablo Neruda” (1975).
Mariano Latorre – Premio Nacional de Literatura 1944 Mariano Latorre dedicó su vida a escribir sobre su país, auscultando, estudiando sus paisajes, y de su veintena de libros editados destacan: “Cuentos del Maule” (1912), “Zurzulita” (1920), “Chilenos del mar”, (1929), “Puerto Mayor”, (1945) y el conocido conjunto de relatos “Chile, país de rincones” (1947). Fallece en Santiago de Chile el 11 de noviembre de 1955, dando lugar a sentidas muestras de cariño y congoja. Once oradores despiden sus restos en el Cementerio General, sobresaliendo sin duda el discurso pronunciado por Pablo Neruda.
Joaquín Edwards Bello – Premio Nacional de Literatura 1943 Entre sus 23 libros editados en vida, se encuentran algunos poco conocidos como: El “Inútil” (1910), “La Tragedia del Titanic” (1912), “El Chileno en Madrid” (1928), “Valparaíso, Fantasmas” (1955), y otros que ya forman parte de la cultura nacional, como “El Roto” (1920) y “La Chica del Crillón” (1935).
Augusto D´Halmar – Premio Nacional de Literatura 1942 Aunque sus obras completas se publicaron entre 1934 y 1935, entre su producción no recopilada se encuentra una serie considerable de artículos, crónicas y relatos publicados en Chile, España y Argentina desde 1899 hasta su muerte en 1950. De su obra conocida, compuesta por una treintena de libros de poesía y prosa editados, se encuentran “Juana Lucero” (1902), novela que en 1934 se publicó con el nombre de “La Lucero”, “La sombra del humo en el espejo” (1918), Pasión y muerte del cura Deusto” (1924), “Catita y otras narraciones” (1935), “Lo que no se ha dicho sobre la actual revolución española” (1936); y “Los 21” (1948). |